Guess Who
Carretiar en Valpo en esos años para mí era como lanzarme a un abismo donde no sabía qué sería de mí al día siguiente. Pero si soy sincero, para el tiempo de este relato, algo estaba pasando en mi mente que me hacía detenerme, pensar en que había algo que estaba haciendo mal. Estábamos en esa casa donde tantas veces llegué ahí de paracaídas y muchas figuras de la carrera también estaban ahí. Llegó un momento donde me sentí al borde del abismo, a punto de desaparecer por los excesos, y la burla de los amigos llegaba. Los demás hablaban de cosas que seguramente no tenían ninguna importancia y mi mente neurodivergente no hallaba la manera de incorporarse. En eso el Jerbo toma el control del computador y pone Guess Who de B.B King. Es una versión en vivo del disco A Night in Cannes del 1983. Yo por ese tiempo tenía una gran inclinación por el blues de los clásicos: Lightnin' Hopkins, Magic Sam o Sonny Boy Williamson. La verdad tenía una antología de tres discos llamada Blues Giants y me ayudaba a entender el mundo del blues americano. Toda esa noche estaba yendo de un lugar a otro, perdiéndome, pero cuando escuché los punteos de B.B King o la trompeta de James Boogaloo Bolden algo en mi ser se acomodó. Empecé a sentir profundo y algunos se reían, pero el Jerbo mismo dijo: "déjalo que sienta", era como si un ángel me acurrucara bajo su manto de seguridad, fuerza y poder.
Domingo de Ramos
Corría el año 2010, iba en primero medio, estaba caminando del centro a la casa, me quedaba muy cerca pero yo estaba un poco apurado porque ya iban a ser las 12 del mediodía. En ese entonces escuchaba lo que iba quedando de bueno de la radio Rock n' Pop. A las 12 comenzaba el especial de Rolando Ramos donde hacía selecciones de artistas o discos, y en esa oportunidad presentó a The Velvet Underground. Algo ya cachaba de la banda, y cómo no? Me acuerdo bien, empezó con Sunday Morning y yo anoté todas las canciones que iban sonando. Hubo algunas que pensé que le podían a gustar a mi primo Erick así que les puse un asterisco, eran Stephanie Says y After Hours. Estas cosas ayudaban a formar mi identidad en la juventud. Hermoso era encontrar a veces a gente que tenía los mismos gustos, o personas, como la Bárbara, que eran la conjunción de todo lo que a uno le gustaba.
Ficciones
"Me salieron copilotos", dijo el tío mientras cenábamos comiendo algo bueno con pescado. Con mi compa nos habíamos hecho tan amigos que nos veíamos varios días a la semana, a veces para tocar música o a veces para salir por ahí. Me acuerdo de una vez que nos fumamos un jereklein, bajamos al centro y nos tomamos en pitcher en el Café del Libro. Queríamos ver la manera de tocar ahí, y nos empezaron a jotear unos gays. Mi compita me llevó a conocer a su viejo, me dijo que era buena onda. Fuimos caminando a la botillería del Charlie en El Retiro y nos contaba que cuando joven había escuchado harto Creedence, que había algo familiar que lo había formado con esos gustos. Conversando mientras corría una pitusa empezamos a conversar de muchas cosas. Le conté que me había inscrito para estudiar sociología y él esbozó una teoría de por qué las ciudades con puerto son la cuna de las civilizaciones gracias a la conexión con otros puertos. Entre tanta cosa me mostró un libro de Jorge Luis Borges, Ficciones, y comentó que el autor argentino lanzaba referencias rebuscadas pero, si te dabas el trabajo de buscarlas, te dabas cuenta que eran todas verdaderas. Ese fue el primer libro que quise leer de verdad, yo tenía 18 años. Antes habían pasado por mí libros que me habían gustado mucho, como "Mala Onda" de Fuguet, "El laberinto de la soledad" de Octavio Paz, "Crónica de una muerte anunciada" de García Márquez y "El ojo del alma" de Díaz-Eterovic, pero Ficciones fue el primer libro que quise comprar. Esa misma noche, ya a eso de las 3 am, escuchando Lookin' at my back door, nació la frase "no hay pito sin Creedence, y no hay Creedence sin pito".
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