lunes, 25 de noviembre de 2024

Long, long time ago


Bella y sin alma

No sé hermano, éramos cabros chicos. A este compita lo hueviábamos porque iba detrás de un amor que lo estaba torturando poco a poco. Nunca supe bien si era porque no lo querían bien o qué, pero me contaron que venía con una amiga de vuelta en el metro, y cuando cantaron ese tema se puso a llorar.

Miedo a volar

Estaba viajando de Helsinki a Copenhague, un viaje por mero trámite, algo de dos horas y después seguiría mi vida normal en la ciudad. Leía una novela de Tove Dietlvsen y de repente con el rabillo del ojo observo hacia la ventana que está dos asientos al lado mío; las nubes, el cielo. Sentí que perdía el control de mi asiento, en mi mente me imaginé que estaba cayendo, volando en la nada, miedo, mucho miedo, no había seguridad para mí allá arriba. No le hablé a la azafata porque pensé que sería peor si exteriorizaba mi pánico. Miré a un punto fijo, traté de calmarme con la respiración, nada, la sensación de miedo vuelve. Miro un punto fijo, no me muevo durante 20 minutos. De pronto pienso que ya falta poco tiempo para llegar al destino, me relajo y poco a poco comienzo a leer mi libro.

Vuelo de Copenhague a Berlín. Me concentro, hago oraciones, todo lo posible para no asustarme. Empieza a despegar el avión, agarra esa turbo velocidad y pienso en el disco Everything Harmony de los Lemon Twigs que dura justo una hora. Cierro mis ojos y lo que veo es una orquesta hermosa de instrumentos y voces acompañadas de giros y movimientos de mi cuerpo por el avión, exagerados por mi imaginación creyendo a veces dar dos vueltas en 360 grados. Voy avanzando en el disco y cuando aparece la sensación de miedo pongo mi confianza en que todo saldrá bien, y me vuelvo a deslumbrar con los arreglos musicales. El avión aterriza en el último tema.
¿Cómo lo haré cuando tenga que viajar 16 horas?

Momentos musicales

Deben ser las 6 de la mañana, o quizás más temprano, tengo cinco o seis años, vivimos en un block en Belloto Sur, Quilpué, y mi hermano mayor se está levantando para ir a la escuela. Es muy temprano pero la televisión está prendida sintonizando un canal de música y suena I'm like a bird de Nelly Furtado. Cada vez que veo ese video o escucho esa canción vuelvo a ese momento, pero no entiendo por qué. Dicen que la memoria guarda momentos con sensaciones intensas, pero a veces parece guardar momentos random de las personas que uno más quiere.

Deben ser las 8 de la noche y es la primera vez que tocamos en vivo con los chiquillos en el colegio, es el año 2009 y yo tengo catorce años. Las reglas de la competencia decían que solo podíamos tocar un minuto de una canción y nosotros nos habíamos juntado a ensayar Roadhouse Blues en la casa del Mauro. Según me acuerdo, ensayamos el tema como dos veces y luego estuvimos webiando el resto del día. Ya en el escenario había mucha emoción, al Hernán le pasaron un piano gigante y ninguno de nosotros estaba afinado. Se me ocurre sacar el slide y empiezo a hacer chillar a la guitarra, fue horrible. Hay un video por ahí de esa presentación, ayer lo vi. Sin duda el peor en vivo en el que estuve tocando, y eso que cuando tocaba con los Rivera también tuve unos momentos muy malos.

Eran las 1 o 2 pm en el colegio, el Mauro en la guitarra rítmica y el Hernán en el piano de nuevo. Estamos interpretando Just Like Heaven y, a pesar que no hay registro de eso, creo que sonó bien. Pero la Bárbara no fue ese día al colegio.


domingo, 17 de noviembre de 2024

Si te he visto, no me acuerdo


Guess Who

Carretiar en Valpo en esos años para mí era como lanzarme a un abismo donde no sabía qué sería de mí al día siguiente. Pero si soy sincero, para el tiempo de este relato, algo estaba pasando en mi mente que me hacía detenerme, pensar en que había algo que estaba haciendo mal. Estábamos en esa casa donde tantas veces llegué ahí de paracaídas y muchas figuras de la carrera también estaban ahí. Llegó un momento donde me sentí al borde del abismo, a punto de desaparecer por los excesos, y la burla de los amigos llegaba. Los demás hablaban de cosas que seguramente no tenían ninguna importancia y mi mente neurodivergente no hallaba la manera de incorporarse. En eso el Jerbo toma el control del computador y pone Guess Who de B.B King. Es una versión en vivo del disco A Night in Cannes del 1983. Yo por ese tiempo tenía una gran inclinación por el blues de los clásicos: Lightnin' Hopkins, Magic Sam o Sonny Boy Williamson. La verdad tenía una antología de tres discos llamada Blues Giants y me ayudaba a entender el mundo del blues americano. Toda esa noche estaba yendo de un lugar a otro, perdiéndome, pero cuando escuché los punteos de B.B King o la trompeta de James Boogaloo Bolden algo en mi ser se acomodó. Empecé a sentir profundo y algunos se reían, pero el Jerbo mismo dijo: "déjalo que sienta", era como si un ángel me acurrucara bajo su manto de seguridad, fuerza y poder.

Domingo de Ramos

Corría el año 2010, iba en primero medio, estaba caminando del centro a la casa, me quedaba muy cerca pero yo estaba un poco apurado porque ya iban a ser las 12 del mediodía. En ese entonces escuchaba lo que iba quedando de bueno de la radio Rock n' Pop. A las 12 comenzaba el especial de Rolando Ramos donde hacía selecciones de artistas o discos, y en esa oportunidad presentó a The Velvet Underground. Algo ya cachaba de la banda, y cómo no? Me acuerdo bien, empezó con Sunday Morning y yo anoté todas las canciones que iban sonando. Hubo algunas que pensé que le podían a gustar a mi primo Erick así que les puse un asterisco, eran Stephanie Says y After Hours. Estas cosas ayudaban a formar mi identidad en la juventud. Hermoso era encontrar a veces a gente que tenía los mismos gustos, o personas, como la Bárbara, que eran la conjunción de todo lo que a uno le gustaba.

Ficciones

"Me salieron copilotos", dijo el tío mientras cenábamos comiendo algo bueno con pescado. Con mi compa nos habíamos hecho tan amigos que nos veíamos varios días a la semana, a veces para tocar música o a veces para salir por ahí. Me acuerdo de una vez que nos fumamos un jereklein, bajamos al centro y nos tomamos en pitcher en el Café del Libro. Queríamos ver la manera de tocar ahí, y nos empezaron a jotear unos gays. Mi compita me llevó a conocer a su viejo, me dijo que era buena onda. Fuimos caminando a la botillería del Charlie en El Retiro y nos contaba que cuando joven había escuchado harto Creedence, que había algo familiar que lo había formado con esos gustos. Conversando mientras corría una pitusa empezamos a conversar de muchas cosas. Le conté que me había inscrito para estudiar sociología y él esbozó una teoría de por qué las ciudades con puerto son la cuna de las civilizaciones gracias a la conexión con otros puertos. Entre tanta cosa me mostró un libro de Jorge Luis Borges, Ficciones, y comentó que el autor argentino lanzaba referencias rebuscadas pero, si te dabas el trabajo de buscarlas, te dabas cuenta que eran todas verdaderas. Ese fue el primer libro que quise leer de verdad, yo tenía 18 años. Antes habían pasado por mí libros que me habían gustado mucho, como "Mala Onda" de Fuguet, "El laberinto de la soledad" de Octavio Paz, "Crónica de una muerte anunciada" de García Márquez y "El ojo del alma" de Díaz-Eterovic, pero Ficciones fue el primer libro que quise comprar. Esa misma noche, ya a eso de las 3 am, escuchando Lookin' at my back door, nació la frase "no hay pito sin Creedence, y no hay Creedence sin pito".

domingo, 10 de noviembre de 2024

Recuerdos

Muelle Barón, Valparaíso

La polilla

Cada vez que vuelve ese recuerdo a mi mente me quedo contemplando. No sabía cómo expresarlo en ese momento, pensaba que si me apuraba a poner esa imagen en palabras, no iba a ser capaz de describirlo porque la gente le tiene poca paciencia a uno. Ahora que tengo tiempo puedo hacerlo. Veía al Alan y a la María caminar al lado mío con sus chaquetas y me imaginé por unos segundos que estábamos viviendo en los 90'. Imagínate, toda mi juventud, años tratando de acercarme a la escena grunge, aprendiéndome las canciones, compartiendo con gente los mismos gustos. Y en un segundo mi cerebro tomó ese universo simbólico y creó una fantasía fugaz. Casi fugaz porque aún la recuerdo. Mi abuela tenía un póster de Pearl Jam de los años 90', y mi mente fue a esa imagen. Veía al Alan y a la María caminar al lado mío con sus chaquetas y me imaginé por unos segundos que estábamos sentados en un sillón antiguo escuchando Sludge Factory de Alice in Chains, tomando cervezas. Por un momento viajé en el tiempo a una dimensión paralela solo real en mi imaginación.

La rueda

Estábamos en un círculo cantando canciones de cueca que yo no conocía. Aplaudía y observaba, mi impaciencia me motivó a querer cambiar el entorno y empecé a hacer preguntas. Con mi poca perspectiva de principiante no fui capaz de darme cuenta que estaba molestando. El Martín estaba tocando el cajón peruano y de pronto llegó un músico con un Arpa, un Arpa weón, ¿de dónde sale alguien que toque ese instrumento? El amigo del Martín, el Manu, sabía cantar muchas canciones, yo la verdad estaba un poco ido. El día de hoy me encantaría saber tocar algunas cuecas en guitarra, siento que tienen carácter e identidad propia del país de donde vengo. En una el Martín me pregunta si sé quién es Keko Yoma, y yo le digo "sí, obvio", me dice que está ahí, en la rueda. Yo digo "Ahh" porque he escuchado de él, pero nunca lo he escuchado.

Perro negro

De pronto vi a este perro callejero que me miraba directo. No sé cuánto rato lo estuve mirando pero me alejé porque vi que tenía una herida gigante y abierta en el cerebro. No tengo cómo saber si era así o lo imaginé.

Torn Curtain

En mi cuerpo no había líquido y estaba ocupando mis últimas fuerzas para permanecer vivo aunque ya eran las 9 o 10 de la mañana. La gente en la universidad ya había empezado la jornada, pero nosotros estábamos en otra frecuencia. Cuando me vi en el baño, todo sucio, sentía que estaba vivo pero que no era igual a esas personas que se habían levantado temprano para ir a clases. Ni siquiera recuerdo si tenía clases ese día. Pero era cool ser un paria negro, no sé por qué. Un día fui a leer a Rimbaud a la playa San Mateo; no recuerdo ningún poema. Tenía entusiasmo pero no consistencia ni ideales, solo estaba improvisando y riéndome lo más que podía de todo. Ya en la micro de vuelta a Quilpué puse música en mi celular. Torn Curtain de Television. La micro aceleraba en alguna parte de Viña y ese solo de guitarra épico y enfermo de Richard Hell al final del tema era, imagino hoy, una metáfora de mi cuerpo intentando sobrevivir a la enfermedad que estaba deteriorando mi mente y mi salud.

Relatos que llegan

Mi papá Yo tenía como 8 años, estábamos en el paradero que queda afuera del Santa Isabel del paradero 13 y medio, cerca del Banco Estado y l...