
No seremos famosos, nunca. Y está bueno que sea así. Pero al menos voy a tratar de vivir una vida lo más ancha y expansiva que pueda. No por fama, sino por el gusto de que mi mente sea grande entre la gente común, la gente de a pie. Quizás algún día tenga un negocio, o pueda seguir escribiendo de una manera más seria. Es indispensable tener un ingreso aparte, esto es mi hobbie, no es una buena idea vivir por amor al arte escribiendo o tocando música. Lo bueno es que ya estoy bastante lejos de llegar a ser un escritor sucio y mediocre, borracho, que en sus alucinaciones cree que está escribiendo para una multitud, como desde un altar. No dan sino pena para el ojo de la persona común que vive con un horario. Trato de esconder mis ganas de alejarlo porque no es bueno desdeñar. Como un jardinero, me encantaría encontrar una liga y tratar de enderezar a un árbol chueco. Sería adorable ver que crece bien, verde, que los insectos revolotearan entre sus hojas, que brillara con sus frutos en primavera/verano y que se gozara con la lluvia de invierno. Pero las personas son más complejas y a veces más ariscas que las plantas.
El recurso familiar es la base que sustenta a estas personas, si el núcleo familiar no existe es difícil que la persona sienta un arraigo que lo invite a crecer. Y hay veces en donde las familias no son un entorno donde uno pueda crecer, algunas veces hasta es necesario que uno escape de ellas, pero esto no es muy común. Quizás la discusión política entre capitalismo y comunismo no es ni siquiera importante cuando se trata de criar, de ayudar a una persona. Todo esto que estoy hablando está inspirado en la tradición cristiana, en donde seguir el ejemplo del Rostro es más importante que las tendencias políticas, las cuales no tienen ninguna importancia. Lo hablo desde un tono bastante despreocupado, lo sé, pero es porque esta confianza y desprendimiento es lo que yo siento después de leer mi libro favorito de la Biblia: el Eclesiástico. Aquí dejo unos hermosos versículos:
"24 No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beca, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios. 25 Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo? 26 Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; mas al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.
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